Capitulo IX (Completo)

18 enero, 2010

Capitulo IX

I

La esperanza de T parecía desvanecerse poco a poco, habían pasado ya seis días desde que lo llevaron al reclusorio, estaba física y mentalmente destrozado pero no por maltratos o golpes pues desde el principio había notado cierta protección por parte de los trabajadores del penal, su cansancio se debía a su falta de apetito, a su falta de deseos por el aseo personal y a la constante depresión por no saber cual seria su destino, pues a pesar de que no se le había negado nada de papeleo o pruebas sobre su caso, sabia bien que todo pintaba para inculparlo y que solo con una gran coartada podría salir bien librado.

El asesino real, había planeado todo con detalle, con tiempo y con la suficiente inteligencia para saber sembrar las pruebas necesarias que no dejaran lugar a dudas sobre la culpabilidad del abogado. Primero que nada dedujo que quien lo hizo lo conocía bien, sabía perfectamente que su relación con  Huracán era de amasiato, había identificado las horas exactas de los encuentros entre uno y otro y parecía saber de los detalles o mensajes que el había tenido para con la mujer. Le intrigaba la saña con la que la habían asesinado, como si con ello supieran que no solo lograrían cortarle la vida a ella, sino también alcanzarían a destrozar la suya.

En segundo lugar sabia que una parte que no podía olvidar en todo esto era al comandante Torres y una posible venganza después de tantos años, pues no podía descartar que en su mente loca pudiera estar aplicando el viejo dicho que dicta que la venganza es un plato que se debe comer frió, ya que después de todo el sabia bien que la primer gran derrota de Torres había sido ante el, pero sobre todo sabia que lo que mas rencores había sembrado en Hierro, era el hecho de haber llevado a cabo los tramites para la separación de la mujer de el comandante hace algunos años.

T siempre había dicho que no tenía por que tener remordimientos, pues todo era simplemente parte de su trabajo; nunca había tenido que arrepentirse hasta ahora, cuando Hierro pudiera estar diciendo lo mismo mientras lo hundía poco a poco.

 

II

 

Durante todos los días en el reclusorio, ni el medico ni la esposa de T se habían acercado, parte de el abogado estaba ya resignada al hecho de encontrarse solo, así que sabría que su camino ante la primer audiencia con el juez la haría acompañado solamente de los policías, así que se apresuro para llevar a cabo un desayuno ligeramente, preparo los argumentos que habría de presentar al juez, alisto a los testigos que se habían ofrecido a declarar a su favor, se mentalizo como cuando tendría un caso complicado y justo cuando se amarraba los cintas de los zapatos, llegaron dos policías con la orden de conducirlo al vehiculo que lo llevaría ante el juez.

El trayecto hacia la audiciencia transcurrió de manera tranquila y amena, pues los patrulleros resultaron ser bastante agradables, contándole chascarrillos y haciendo bromas leves sobre su supuesto asesinato, hasta uno de ellos se había atrevido a decir que era imposible que lo creyeran el asesino, cuando se veía que alguien con esa figura no seria capaz ni de matar una mosca.

T sonrió ligeramente y se quedo callado la parte restante del trayecto.

Al llegar T a la sala, los policías que lo acompañaban tuvieron que abrirse paso a empellones entre un mar de medios que querían obtener alguna declaración relevante, ya adentro le quitaron las esposas le dijeron donde debía sentarse y mientras esperaba al juez pudo notar que en el fondo del recinto estaba su amigo el medico, el abogado no supo si tranquilizarse o enfurecerse, estaba confundido y  no entendía por que hasta ahora hacia su aparición, así que decidió increparlo, pero antes de que pudiera hacerlo el medico abandono la sala sin decir una palabra.

 

III

Después de que el Juez llego todo estuvo prácticamente perdido para el abogado, cada prueba era contundente, cada muestra tomada por el forense lo inculpaba, sus testigos fueron ineficaces y en ciertos momentos de nerviosismo hasta torpes, la trampa estaba tendida y por mas argumentos que presento, no pudo ni minimamente convencer al jurado, sus huellas eran las únicas en el cuerpo de huracán, su letra coincidía con la de la nota dejada junto al cuerpo y tras una investigación por parte del ministerio publico habían descubierto que las mancuernillas dejadas en la escena del crimen eran idénticas a las iniciales y a el logo utilizado en cada documento que tuviera que ver con T, además y por si fuera poco Torres saco a relucir aquella vieja rencilla entre la mujer y el abogado después de que esta formo parte de los testigos que lo hicieron perder su primer negocio y aun que el abogado pidió al juez que dicha prueba fuera rechazada por que torres no era imparcial debido a las viejas rencillas que ambos tenían de nada sirvió, pues las demás pruebas lo hacían el único culpable.

El abogado había sido condenado, ahora si ante la justicia era formalmente un asesino.

 

 

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