Capitulo VIII

17 diciembre, 2009

CuandoT entro a la comandancia los hicieron pasar a un cuarto que el ya conocia muy bien, espacio de tres por tres, media luz, una sola silla, y caliente como el peor de los desiertos, habia estado alli muchas veces  ya sea para obtener una confesion, inventarla o algunas otras para evitarla,  y sabia bien que el siguiente paso a seguir seria estar sentado, con manos y pies atados, esperando que dos oficiales llegaran y a punta de golpes hacerle memorizar lo que seria su declaracion de culpabilidad ante el homicidio;despues vendria el circo de medios y el tendria que decirles solo algunas cosas, para que despues entrara algun comandantucho a vanagloriarse del exito obtenido pues sabia bien que en un pais podrido como el suyo esas cosas eran el pan de cada dia; durante cuarenta minutos T permanecio solo en el cuarto, como si quisieran volverlo loco con la ansiedad de la espera, le habian negado la llamada y le advirtieron que si insistia pasarian toda la noche "calentandolo" para que no pasara frio, asi que tuvo que conformarse con creer que tanto su mujer como su mejor amigo ya estarian afuera esperando respuestas.
Cuando T se encontraba mas nervioso se abrio la puerta y con pasos tranquilos entro su primer sorpresa de la noche, el comandante Torres se sento sin saludar, se quedo mirando fijamente a los ojos de T, sonrio en señal de victoria y le dijo, esta vez parece ser que no habra quien lo salve, que ironica es la vida, usted que durante tanto tiempo a defendido a los mas cruentos malechores, defraudadores o gente pudiente de la ciudad, ahora se encuentra solo;
¿Solo? cuestiono T- ¿A caso nadie se a acercado a ver que sucede conmigo?

Torres sonrio de nuevo, nego con la cabeza y  dijo, creo que estamos otra vez usted y yo unicamente, frente a frente, y como ya le dije, parece que de esta no saldra bien librado y mas vale que tenga una buena coartada que contarme.
Primero que nada quiero que sepa, que es usted un asesino muy inteligente, pocas pruebas, con una limpieza sobresaliente y con un total desprecio por el dolor ajeno, quien lo hubiera pensado de usted "eminente" señor abogado-dijo Hierro con cierto aire de burla.
Antes que nada-respondio el medico con tono tranquilo- no puede llamarme asesino, a estas horas aqui, ustedes no me han mostrado nada que me inculpe, ni mucho menos he estado en un juicio donde un juez me declare como tal cosa, asi que hasta ahora, todo son suposiciones de un "super" policia que tiene viejas rencillas conmigo, y que pudiera prestarse por lo tanto para acusarme de algo que no lleve a cabo, ¿ O si super hierro? finalizando su argumento de  la misma forma sarcastica.
Hierro, impulsivo como aquella vieja ocasion, lo tomo del cuello, lo hizo arratrar hacia el y gritandole cara a cara dijo: mira abogadito, yo si quiero fabrico las pruebas, te hago firmar confesiones, te parto la cara en dos y gracias al podrido sistema sigo quedando como el bueno de la historia,a mi  lo que diga un juez me importa un comino, hace años era inexperto en como meter mis manos a la mierda, por eso triunfaste ante mi,pero ahora no y puedo hacer que te refundan en la carcel; pero sabes que, no lo necesito, tienes el agua en el cuello y te va subiendo lentamente, asi que de nada servira que yo abra mas el grifo
El comandante y  el abogado se habian conocido años atras cuando T tomo el caso del violador de menores que hierro pretendia refundir en la carcel, habia sido una batalla desencarnada por parte de cada uno, pero al final el abogado habia quien sabe bajo que recursos sacar libre de culpa a su cliente, lo cual provoco una rivalidad entre el comandante y el abogado, que no termino hasta que hierro fue supendido unos dias por amenazas y uso excesivo del poder hacia un civil, ya que se habia ido a los golpes con T, logrando entre jalones solo poder quedarse con jirones de la  camisa del abogado, jirones que nunca entendio por que habia conservado, pero que despues de tanto tiempo parecian haberle servido de mucho.
    

En las 72 horas siguientes, T permaneció en la comandancia, y sabia muy bien que después de ese tiempo cumplido, solo había dos opciones, salir libre por falta de pruebas, o ser llevado a un reclusorio para allí esperar su juicio, pero eso le preocupaba poco en comparación con el hecho de saber que pasados tres días, nadie se había acercado a saber su situación, ni su esposa ni el medico se habían aparecido, lo cual podía entender de su Sofía, pero no de su entrañable amigo, pues se suponía que ya los medios habían causado un alboroto con su captura, y por lo tanto debía haberse enterado ya por cualquier medio de la situación apremiante que nublaba el futuro del abogado.
Le aterraba y molestaba el hecho de tener que enfrentar las cosas el solo, señalarse como su propio defensor y armar una declaración convincente, sabia bien que ya no podría esconder nada  y tendría que sacar a la luz la relación que mantuvo con huracán, aun que eso terminara por derrumbar su imagen, así que por si las dudas comenzó a repasar paso a paso y  día a día desde que conoció a huracán, para que así, por medio de datos cronológicos demostrar que el no podía ser el asesino de la mujer que amaba, no seria cosa sencilla, pues aun que en el juicio el tratara demostrar su inocencia estaba casi seguro que los cuerpos policiales y sobre todo Hierro harían hasta lo imposible por encontrar cualquier detalle que lo inculpara.

Mientras T se encontraba meditando sobre los pasos a seguir, llegaron a su celda dos policías con la orden de llevarlo al reclusorio del palmerito, pues después de la investigación hecha por el ministerio publico se habían encontrado pruebas contundentes que solo un juez podría desmenuzar en un juicio; el mundo de T sintió tambalearse, ya que dentro de todo seguía esperanzado en que el sistema fuera de verdad justo y se diera cuenta que el no tenia nada que ver con el homicidio, situación que no ocurrió y que estaba a punto de sellar el destino del abogado.
Al salir rumbo al reclusorio, un mar de periodistas amarillistas esperaban afuera de la comandancia, trataban de lograr la mejor nota, haciendo preguntas que enfurecían e indignaban al abogado y de no haber sido por que iba custodiado de policías, se hubiera abalanzado sobre todo es cúmulo de cámaras y micrófonos, fue allí que una escena fugaz lo dejo perplejo, entre algunos periodistas creyó ver a su esposa y al medico juntos los vio tranquilos y sin intención de acercarse a el, los vio con la actitud de aquel que solo espía una situación por encargo o por comprobar si realmente están sucediendo las cosas. Pero ha como estaban las cosas, no le quedo más que seguir dudando, pues no confiaba en sus sentidos perturbados por la impresión de saberse acusado formalmente de un asesinato.


Rivero


El lunes capitulo IX

El jueves Capitulo X el capitulo final…..ñaca ñaca

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